Vivir en piloto automático. ¿Se puede aprender a estar presente?

Vivir en piloto automático… ¿Habías escuchado o leído sobre esta expresión? Normalmente hace referencia a «funcionar mecánicamente, actuando por inercia, hábitos y rutinas sin plena conciencia, lo que causa desconexión emocional, estrés y falta de propósito.» Aunque ayuda al cerebro a ahorrar energía, provoca que la vida pase sin disfrutarla realmente, reaccionando en lugar de eligiendo. 

¿Alguna vez has sentido esa sensación difusa de «estar sin estar»? Haces cosas, enlazas tareas, conversaciones, estímulos, avanzas en el día cumpliendo con todo lo que estaba previsto… y al igual llegas al final del día, completamente agotad@ y piensas…

¿Y yo qué hice hoy? ¿Cómo pasé mi día? ¿Cómo me estuve sintiendo? Tal vez no hubo espacio para nada de eso.

Incluso, si nos detenemos un poco a repasar el día, tal vez nos damos cuenta de que tuvimos una conversación con alguien que no recordamos del todo, de que tal vez anoche estuvimos viendo un capítulo de esa serie que tanto nos gusta pero realmente no nos estábamos enterando de nada, o de que se nos fueron dos horas haciendo scroll en el móvil viendo vídeos de gatitos bailando (en el mejor de los casos).

Cuando «estar» se convierte en vivir en piloto automático

¿Y esto por qué nos pasa?

Para explicar esto, nos encantaría referenciar a Byung-Chul Han, filósofo  y ensayista surcoreano experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín, que en su libro «La sociedad del cansancio» nos habla de como en la sociedad actual «hemos pasado de la disciplina al rendimiento» donde la prohibición, el mandato y la ley son reemplazados por los proyectos, la iniciativa y la motivación.

Vivimos en un entorno con muchos estímulos, interrupciones y cosas que atender al mismo tiempo y esto provoca que la percepción se fragmente y se disperse. Para adaptarnos a esto, hemos incorporado técnicas para administrar el tiempo, para estar en «multitarea» y exprimir cada minuto al máximo posible. Eso hace que nuestro cerebro viva en una alerta constante, lo ponemos en «modo supervivencia».

Normalmente al inicio, no suele vivirse como un problema. De hecho, puede ser una forma de sostener el día cuando hay muchas demandas, y convertinos en personas altamente eficaces. Pero si sostenemos mucho en el tiempo esta manera de funcionar, acabaremos padeciendo de problemas de salud, físicos y mentales.

«Por falta de tranquilidad, nuestra civilización está cayendo en una nueva barbarie»

 Byung-Chul Han

Cuando la multitarea pasa de aliada a enemiga

Cuando llegamos a ese punto en el que:

  • No descansamos bien y vamos siempre con esa sensación de «no poder»
  • Sentimos que nuestra mente está saturada y que no procesamos bien la información
  • Nos desconectamos con facilidad de las conversaciones con las personas
  • No recordamos qué hicimos o cómo nos sentimos durante el día
  • Actuamos sin intención, solo por cumplir
  • Sentimos que los días se desdibujan entre sí
  • Nos cuesta conectar con lo que nos gusta o nos importa

Pueden ser señales de que estamos viviendo en piloto automático.

Y aquí es donde viene nuestra oportunidad de darle un giro a esto… ¿Y si al detectar estas señales lo leemos como la forma que tiene nuestro cuerpo y nuestra mente de decirnos que necesitamos un descanso? ¿Y si es su forma de llamarnos a «volver a estar presentes»?

Cuando aparece el tiempo… y no sabemos qué hacer con él

Seguro que no te cuesta imaginarte esta situación: De pronto, de forma inesperada… aparece en tu agenda un rato sin plan. Un espacio sin estímulos claros, un momento en el que, en teoría, podríamos simplemente estar. 

¿Te has fijado en cómo te sientes cuando esto pasa? No es difícil encontrarnos en consulta con personas que describen sentir inquietud, una sensación de vacío difícil de sostener, o la necesidad casi automática de llenar ese espacio con algo: el móvil, una serie, ruido de fondo. Como si no supiéramos qué hacer cuando «no hay nada que hacer». 

¿Y si no tuvieramos qué hacer más sino simplemente «ESTAR»?

Aprender a «ESTAR» no es automático

Solemos pensar que estar presente debería ser algo natural, algo que simplemente ocurre cuando bajamos el ritmo, pero la experiencia de muchas personas muestra algo distinto. Parar puede traer silencio. Y el silencio, a veces, trae pensamientos, sensaciones o emociones que no han tenido espacio durante el día. Puede aparecer cansancio, inquietud, o simplemente una sensación de no saber muy bien qué hacer.

Desde ahí, quizá tenga sentido pensar que estar presente no es algo que simplemente ocurre, sino algo que también se aprende. 

¿Habias oído hablar de la ATENCIÓN PLENA?

Jon Kabat-Zinn, biólogo molecular y una de las figuras más influyentes en la difusión del mindfulness en Occidente, lo definió como: «Prestar atención de manera intencionada al momento presente, sin juzgar». Su trabajo, iniciado en la Universidad de Massachusetts en 1979, ayudó a tender puentes entre la meditación budista y la psicología occidental, acercando prácticas contemplativas a hospitales, empresas y escuelas.

Los estudios científicos han demostrado que la práctica de la atención plena (mindfulness) interviene directamente en los mecanismos cerebrales responsables del «piloto automático», permitiendo una transición consciente de un estado reactivo (ese «modo supervivencia» del que hablábamos antes) a uno de respuesta elegida (es decir, movernos más conscientemente). 

Además, la práctica sostenida en el tiempo no solo cambia el funcionamiento momentáneo, sino que reconfigura la estructura cerebral para favorecer la presencia.

¿Te imaginas vivir tu vida de esta forma?

Hay una frase de  David Steindl-Rast, monje benedictino conocido por su trabajo sobre la gratitud que dice:

«No es la felicidad lo que nos hace agradecidos, es el agradecimiento lo que nos hace felices».

Quizá no sentir que debemos estar bien para permitirnos parar. Si no a veces, parar sin más es lo que nos conecta con lo que ya está bien.

Una propuesta inicial para dejar de vivir en piloto automático

Quizá más que intentar dejar de vivir en piloto automático de golpe, puede ser más amable empezar a preguntarse por el propio ritmo.

Esto es algo que hemos estado conversando durante todo este mes de abril en nuestras redes sociales, contrastando diferencias entre el ritmo externo y el interno, e invitando a hacer esas pausas conscientes en las que nos preguntamos con honestidad a nosotr@s mism@s... ¿Cómo estoy hoy?

Por eso, en este artículo queremos dejarte algunas preguntas para continuar la reflexión, no para forzar el «estar presente», sino para ir dándonos el espacio de cultivar esta habilidad poco a poco.

  • ¿En qué momentos del día siento que voy en piloto automático?

  • ¿Qué pasa justo antes de que mi atención se vaya?

  • ¿Qué necesitaría mi cuerpo en esos momentos?

  • ¿Hay algún espacio, aunque sea pequeño, en el que me resulte más fácil «estar» en vez de «hacer»?

No se trata de cambiar todo de una vez, ni de alcanzar un estado ideal de presencia. A veces es más bien una forma de empezar a escuchar cómo se está sosteniendo la propia vida.

En medio de todo esto, quizá la presencia no tenga que ver con estar completamente en cada momento, sino con poder volver, aunque sea un poco. Volver a una conversación, volver al cuerpo, volver a un gesto sencillo del día. Sin exigirse una atención perfecta. Sin convertirlo en otra tarea más.

Tal vez ahí, en esos pequeños regresos, empiece a aparecer una forma distinta de habitar el tiempo, una atención plena en la vida cotidiana que no se parezca a un ideal inalcanzable, sino a un gesto posible.

Simone Weil escribió algo que nos gustaría utilizar para cerrar esta reflexión: 

«La atención es la forma más rara y más pura de generosidad.»

¿Te apetece comenzar a desarrollar esa generosidad contigo mism@ y con tu vida?

Este mes, en La Pausa Compartida (nuestra newsletter mensual) compartimos un Diario de micro-presencias: un pequeño espacio de registro para anotar durante una semana los momentos en que tu atención se va y cómo se siente traerla de vuelta. Un pequeño primer paso en este camino de cultivar la presencia

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vivir en piloto automático

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